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Alimentación complementaria

Alimentación complementaria

Alimentación complementaria

La introducción de otros alimentos distintos a la leche es necesaria tanto por razones nutricionales, como de desarrollo, y constituye  una etapa importante en la transición desde la alimentación exclusiva con leche (materna o de fórmula) a la alimentación sólida y familiar. Además, es un período en el que el niño experimenta marcados cambios en la dieta, con exposición a nuevos sabores, texturas y experiencias alimentarias, y a lo largo de la cual se reduce gradualmente la frecuencia y volumen de leche materna o fórmula que se consume.

El momento apropiado para comenzar con la alimentación complementaria se suele situar entre los 4 y 6 meses de edad; sin embargo dicha edad no debe considerarse sinónimo de la duración máxima de la lactancia materna, que, tomada de forma exclusiva,  es nutricionalmente adecuada aproximadamente hasta los 6 meses, y que, a partir de entonces puede continuar formando parte de la dieta del bebé, pero debe ir complementada con otro tipo de alimentos.

Así, el conjunto de alimentos considerados “complementarios” incluye a todos los alimentos, líquidos, semisólidos y sólidos distintos de la leche materna y de fórmula, y al agua, y que pueden ser introducidos en forma de bebida, alimentos para comer con cuchara o alimentos para comer con los dedos según el desarrollo motor del bebé, y del tipo de alimento del que se trate.

Otro aspecto especialmente importante es los alimentos complementarios se introduzcan poco a poco, principalmente para poder controlar mejor cómo reacciona el bebé a su consumo.

Actualmente la ESPGHAN (Sociedad Europea de Gastroenterología Pediátrica, Hepatología y Nutrición) no tiene un protocolo específico que determine en qué mes o momento es adecuado introducir unos u otros alimentos, pues no parece que el hecho de retrasar la introducción de algunos grupos de alimentos reduzca el riesgo de alergia.

Así, las recomendaciones generales que proponen para iniciar la transición a la alimentación familiar del bebé son las siguientes:

  • Continuar con la lactancia materna al mismo tiempo que se comienza y va avanzando con la alimentación complementaria.
  • Posibilidad de introducir en cualquier momento, pero siempre después de los 4 meses y una vez iniciada la alimentación complementaria, alimentos considerados como alergénicos. En el caso de bebés con alto riesgo de alergia (como por ejemplo al cacahuete) la introducción de este tipo de alimentos debe ser evaluada por un especialista, y suele recomendarse entre los 4 y los 11 meses según el caso del que se trate.
  • Es recomendable ofrecer alimentos que proporcionen una amplia variedad de sabores y texturas, incluyendo verduras de sabor amargo. Por precaución, se recomienda no incluir verduras de hoja verde (p.ej. espinacas o acelgas) antes del primer año de vida, o, en el caso de hacerlo, procurar que su proporción sobre el total del puré o plato no supere el 20% (equivalente a un máximo de 20 g de este tipo de verduras por cada 100 g de puré).
  • La leche entera de vaca no debe usarse como bebida principal antes de los 12 meses de edad. En pequeñas cantidades, y bajo consulta del pediatra si se podría incluir; al igual que algún yogurt natural o adaptado a su edad de vez en cuando.
  • El gluten puede introducirse entre los 4 y 12 meses, pero debe evitarse el consumo de grandes cantidades durante las primeras semanas posteriores a su introducción. Lo recomendable es incluir distintos tipos de cereales, incluyendo tanto aquellos que contienen gluten (como el trigo, cebada o centeno) y los que no (maíz o arroz).
  • Todos los bebés deben recibir alimentos ricos en hierro, incluidos productos cárnicos (cocinados adecuadamente y con una textura o tamaño de trozo manejable) y/o alimentos fortificados con hierro.
  • No conviene agregar sal y/o azúcar a las comidas de los pequeños, y se recomienda evitar las bebidas azucaradas.

Por último los expertos aconsejan que los padres aprendan a identificar y respondan a las señales de hambre y saciedad de los bebés, y traten de evitar darles determinado tipo de alimentos a modo de consuelo o recompensa, u obligarlos a comer algo cuando no quieren o a modo de castigo.

La idea es que los pequeños vayan explorando los alimentos poco a poco, se les exponga a ellos varias veces y se les presenten de múltiples formas. De lo que se trata es de ir generando una reacción positiva ante su consumo, para que, finalmente, el niño se adapte a la alimentación y hábitos alimentarios familiares de forma sencilla y paulatinamente.  

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