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¿Cómo mantengo una alimentación equilibrada?

¿Cómo mantengo una alimentación equilibrada?

Teoría y práctica no siempre van de la mano, y esto ocurre a menudo en relación a nuestra alimentación. Por un lado, nos encontramos las pautas o recomendaciones para mantener una dieta equilibrada y variada, pero, por otro, éstas no siempre se ven reflejadas cuando nos sentamos frente al plato.

Aquí os dejamos algunas pautas:

Durante el día conviene realizar 5 comidas, aunque este número dependerá de las costumbres, el estilo de vida o las condiciones de trabajo de cada persona. Dentro de estas cinco pausas para comer las principales son desayuno, comida y cena, mientras que los dos tentempiés, almuerzo y merienda, son los que las complementan.

El desayuno, según los expertos, debe aportar alrededor del 25% de la energía necesaria para todo el día. Fruta o zumo, cereales o pan, leche o yogures y café o té pueden ser una buena forma de comenzar el día. Podremos incluir también una porción de jamón o pavo.

La comida será la segunda pausa más importante. Un momento perfecto para ingerir alimentos de todos los grupos, como te comentamos en esta entrada. No importa si lo unimos todo en un mismo plato, como por ejemplo una ensalada completa, o por separado. La cuestión es que nuestro cuerpo consiga todos los nutrientes y vitaminas para seguir en marcha el resto del día.

La cena será el último momento importante frente al plato. Las cenas deben ser más ligeras ya que durante el sueño no necesitamos tanta energía y nuestro cuerpo necesita descansar y es que las comidas copiosas dificultan la conciliación del sueño. En esta ocasión, una combinación de verduras y hortalizas y pescado o carne a la plancha es una buena opción. Además, es aconsejable que dejemos al menos dos horas desde la cena hasta que nos acostemos.

Con los tentempiés por la mañana y tarde conseguimos equilibrar nuestra dieta: aportamos todos los nutrientes que son necesarios día a día. Se puede recurrir a alimentos que no hayamos incluido en las comidas principales, de esta manera logramos completar la dieta.

Una vez con la teoría ya memorizada, podremos llevarla a la práctica. En este punto, hay que diferenciar dos escenarios: en el que controlamos el menú y en el que no. Habrá momentos en los que, por temas de trabajo o compromisos sociales, comamos fuera de casa, por lo que el menú se nos escapa de las manos. En estos casos, debemos fijarnos en locales donde se puedan elegir productos y menús variados. Una ocasión para poner a prueba nuestros conocimientos mientras dedicamos 40-50 minutos a este acto del día, el tiempo recomendado. 

Si comemos o cocinamos en casa, es bueno planificar las comidas de la semana de modo que no repitamos menú. Una acción para la que hay que ser cuidadosos desde el primer momento: cuando vayamos a hacer la compra. El mejor consejo será elaborar una lista con todo lo necesario de nuestra dieta, una forma de fijar el guión y evitar caer en las dudas entre un tipo u otro de alimento. En el supermercado habrá que prestar atención a las etiquetas de los productos.

Una variedad de alimentos debe traducirse en una variedad de formas de cocinar: asado, al vapor, a la plancha, etc. Pero no solo cuando encendemos los fogones es importante mirar a los productos. La conservación de éstos es igual de importante:

  • Hay que rechazar los envases rotos, abollados o defectuosos.
  • Los alimentos refrigerados debemos meterlos rápidamente en el frigorífico o congelador, protegidos y sin que estén en contacto los alimentos crudos con los cocinados.
  • Mantener las conservas y los alimentos no perecederos a la temperatura adecuada, lejos de la luz y de fuentes de calor y  en un lugar seco.

Con la lección aprendida y sabiendo cómo actuar en los diferentes escenarios ya no hay excusas para no cuidar nuestra alimentación. Recuerda: no hay alimentos prohibidos, podemos comer de todo, pero no todo lo que podamos.

 

Fuente:
http://www.nutricion.org/publicaciones/pdf/Gu%C3%ADa%20AP-Diet%C3%A9ticaWeb.pdf

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