EL papel de la actividad física en el logro y mantenimiento de una buena salud

Para la OMS no hay duda de la relación entre la práctica de actividad física y la salud. Además de sus evidentes  beneficios para prevenir enfermedades, hoy día se sabe que  reduce la mortalidad (los muy activos tienen un 22% menos de riesgo de mortalidad que los moderadamente activos, y éstos que los sedentarios).

El sedentarismo es el factor de riesgo, asociado a los hábitos de vida actuales, que más impacto tiene sobre la salud por su clara implicación en el desarrollo de numerosas enfermedades metabólicas, como la diabetes tipo-II o la obesidad, de numerosas afecciones cardiovasculares, como la hipertensión, o el ictus, de cáncer (colon, ovario…), colelitiasis, osteoartritis, depresión, estrés, ansiedad, etc. y está cerca de adelantar al tabaco como la principal causa de muerte evitable.

El Eurobarómetro establece que en España el 71% de los mayores de 15 años son sedentarios (de tal forma que el 17,1% de la población ni siquiera camina 10  min/día).  La actividad física regular moderada y vigorosa aumenta la aptitud física, el bienestar general y la salud.

Numerosos estudios multicéntricos desarrollados en España, Finlandia, Suecia, Alemania, Portugal, etc., como estudio HELENA (Hábitos de nutrición y estilo de vida de los adolescentes en Europa) o el programa MOVI (Martínez Vizcaíno y cols, 2009) han demostrado que la práctica de al menos 2-3 horas de actividad física extraescolar a la semana tiene efectos positivos sobre la composición corporal, el perfil lipídico (colesterol…), la condición cardiorespiratoria (incluso superando valores de referencia para adultos) y la prevención del sobrepeso y obesidad en niños y jóvenes (los jóvenes con sobrepeso tienen el doble de probabilidades de convertirse en adultos obesos).

¿Qué ingredientes debe incluir un estilo de vida saludable?
En los países desarrollados los estilos o hábitos de vida poco saludables son los que causan la mayoría de las enfermedades mortales. Tener y mantener un estilo y calidad de vida cotidiana saludable implica, según recoge la OMS y las principales asociaciones médicas, incorporar todos o la mayor proporción posible de estos ingredientes:

Genéricamente, evitar el consumo de sustancias tóxicas: alcohol, drogas, tabaco, etc. Tener un descanso nocturno superior a 8 horas diarias. Huir de situaciones estresantes y mantener un bajo nivel de ansiedad. Cuidar la higiene personal con un aseo diario y frecuente. Mantener un comportamiento sexual adecuado en el que no aparezcan conductas y prácticas de riesgo. Prevenir riesgos laborales en el trabajo mediante la formación y la observación de las medidas de seguridad e higiene en el puesto de trabajo.

Desde el punto de vista nutricional, tener un modelo alimentario equilibrado y variado, priorizar un consumo responsable de alimentos y evitar deficiencias y excesos. Recurrir a una dieta adecuada (dieta mediterránea) en el aporte energético (Kcal) y nutricional: baja en grasas saturadas y trans, azúcares refinados o simples, y rica en verduras y frutas. Pero sobre todo, equilibrar la ingesta energética con el gasto, lo cual implica ser menos sedentarios.

Por ello hoy día, por la relevancia actual del sedentarismo, hay que priorizar el realizar ejercicio físico moderado y vigoroso al menos durante más de 30 minutos diarios e incorporar a nuestro tiempo de ocio tareas y actividades saludables como patinar, bailar, nadar, salir de paseo, etc. Y a ser posible no ocupar más de 2 horas diarias de nuestro tiempo libre en  actividades sedentarias tales como ver la tele, escuchar música, usar el ordenador, etc.

Estrategia poblacional para reducir la prevalencia de sobrepeso y obesidad
Uno de los temas que aparecen en directa correspondencia con la calidad de vida es la relación salud-alimentación. La cultura del autocuidado para mantener la salud y el bienestar ha generado en los consumidores de los países desarrollados una tendencia al incremento de la demanda de alimentos funcionales que, además de proporcionar nutrientes, aporten un efecto preventivo beneficioso en la salud La dieta es un componente destacado del estilo de vida mediterráneo, pero no se trata sólo de la dieta, ha de interactuar con la actividad física, ya que actualmente la inactividad física es considerada por la OMS como uno de los principales –si no el mayor– problemas de salud pública del siglo XXI.

Los niños son cada vez menos activos; actualmente gastan de media casi 600 kcal diarias menos que hace 4 décadas,  y con el riesgo añadido de adquirir hábitos de vida poco recomendables (sobreingesta energética y rica en calorías) con inadecuados hábitos alimentarios que pueden mantenerse durante el resto de la vida, en un momento en que los niños y jóvenes están creciendo y desarrollándose para convertirse en adultos. La OMS publicó en 2006 la Carta Europea Contra la Obesidad, en la que se alarma a los gobiernos de una intervención inmediata, afirmando que una mejora en la alimentación, pero sobre todo un incremento de la actividad física, producirá un impacto notable, y a menudo rápido, sobre la salud pública. Adoptar dietas completas y ricas en nutrientes es obligado y necesario para el desarrollo saludable, pero limitar la ingesta energética puede ser contraproducente para las demandas biológicas que requiere el crecimiento. Por ello hay que poner más énfasis en el aumento de la cantidad de actividad física vigorosa realizada y no en la restricción calórica en niños y niñas que están creciendo. La estrategia poblacional debe contemplar la educación de los progenitores y profesionales sanitarios para que reconozcan la necesidad de fomentar la actividad física y disminuir las actividades sedentarias de sus hijos en los períodos extraescolares ya que la práctica de la actividad física no sólo mejora la forma física y el bienestar del individuo, sino también su salud cardiovascular actual y futura.

Hoy día está reconocido que la aceleración de la epidemia de obesidad obedece no a factores genéticos sino a cambios profundos en los patrones de conducta en los últimos 20-30 años, y que no tanto la “dieta” sino el ejercicio físico (“el otro factor modificable”) es la mejor alternativa a medio y largo plazo por conseguir más beneficios saludables que las dietas, logar una mayor adherencia para el futuro adulto, y lograr y mantener un mayor gasto energético.

COMPARTE ESTE CONTENIDO